Siempre te deseo, lo sabes; pero esta vez, parece ser que se extiendió, que se desbordó ese deseo de ti.

Ésa necesidad de tenerte, de que me poseas, tú, el únco dueño de todo mi ser, de matarnos con puro sexo. De morir juntos en un orgasmo hirviente como lava extraviada en nuestras almas , en nuestros cuerpos, en nuestra vida, en este, nuestro paraíso perdido… Nuestro infierno. Nuestro cielo.

Y asi con esos pensamientos me fuí a mi lecho, pero mi mente siguió en ti y ésta mañana desperte casi contigo a mi lado y mi (tu) mano en mi sexo: suave, palpitante, delicado, tibio e inquieto.

Con tu mano me llevaste a un climax caliente, extremo, intenso como una supernova, interminablemente largo como el infinito. Y de mis ojos emanaban profundas lágrimas de felicidad, de éxtasis, por tenernos: tu, yo. Nosotros…