Deseo desmayarme entre tus dedos, que arañando la cordura sin sentido me dejen…

Deseo morirme entre tus labios que me deleitan con el hambre de un buen amante, atento y entregado.

Rendirme por la necesidad de hacerlo sin importar las consecuencias.

Caer en la inconsciencia del abandono del propio cuerpo, desear perder la piel a tiras bajo tu irresisitible hechizo.

Deseo sentir arquearse mi espalda de dolor y anhelo.
Perder la voz bajo la necesidad del grito que siempre me niego a dar.
Cerrar los ojos y tratar de recordar tu sonrisa ante la impotencia y el delirio febril de mi frente.
Sudar y estremecerme, quejarme de mi dicha, maldecir el paso aprisa del tiempo, mirarte y robarte el alma.
Humedecerme…

Entregar algo más que mi cuerpo en cada latido de mi cuerpo tibio, en cada punzada que me recorre la piel y de las que ya no quiero alejarme.

Sufrir mi condena y aceptarla, porque se hayan convertido tus actos en el camino que quiero recorrer aferrada a tu espalda.

No dejar que la mundanidad altere mis sentidos. A tu lado, en esa cama que huele a ti, en esas sábanas en las que está tu piel envuelta, ahí donde el tiempo no nos toca.
¡Qué mi vida se  escape entre los pasionales cariños que me das y que alimentan el alma y me desdibujan como mujer! Entre tus brazos, fundida contigo, confundida como persona, soy solo sentimiento y jadeo, y así me gusta verme…

Morirme para renacer siendo la hembra que te encele…

Piel contra piel, no importa cómo ni dónde. Iniciar la lucha, y dejarme vencer. Querer ser la sumisa que altere tus latidos, despierte el fuego entre mis piernas y quemarte hasta que tengas que apagar las llamas que me lamen derramando tu simiente.
Atormentarme con tus vicios porque quiero ser en la única que piensas cuando se te levanta el pantatlón. Ser la que inquieta tu ser…

¡Mírame, no huyas! Quiero tus ojos en los míos clavados cuando nombro y grito al dueño de la boca que no me deja descanso. Quiero tus manos rasgando la piel de mis muslos cuando intento escaparme de la dulce tortura, quiero que esta frustración que me produces sirva realmente para que mi alma quede partida en mil pedazos. No me importa cuánto dure la noche, porque sé que al llegar el alba querrás nuevamente enterrarte entre mis piernas para perderme por completo en el deleite de tu endurecida masculinidad.

¡Tómame ahora! No lo dejes para más tarde. Si no quieres postergarlo tu tampoco, yo te regalo mi disfrute, para ti mi orgasmo inalcanzado. Si es una tortura la acepto, porque de mi sexo insatisfecho contigo nacen mis mejores calenturas para continuar deseando ser inundada por tu miembro en cada recorrido de la carne compacta contra mi entraña fundida y mojada. Pero sabes que te rendirás en algún momento, porque al igual que a mí me gusta verte derramado sobre mi abdomen agitado tú disfrutas al sentirme estremecerme entre tus brazos.

Por esoo ahora me rindo a tus deseos, a esos que persiguen que esté horas deseando un placer no consumado. Tengo la dicha de saberme dueña de todos los que me has proporcionado, y de los venideros. Si ahora reniegas de mi disfrute porque has aprendido a hacerme desearte hasta rendir mi alma a tu maldita perversión ya llegará mi turno. No me importa esperar hasta que quieras dejarme exhausta, confundida, sudorosa y aún más deseosa…

Pero, por favor, cruel amor mío, que sea esta noche… Llévame ahí… A donde tus deseos me lleven…