Deseo. Puro, simple, inalterable. Hay cosas que no se pueden fingir. Probablemente este sentimiento sea una de ellas…

Y ahora, mientras me lees, mientras a distancia me hueles, me desnudas, me sientes, me besas, me tocas… Ahora no finjo. Soy tuya, tú me tienes alterada, tú me tienes ardiente entre las manos viriles.Ahora, que sé quién eres. Ahora sé para quién me excito. Mientras me imaginas como yo quiero que me sueñes…

Ahora te deseo.

Si esas yemas de los dedos que me marcan la piel con su ardiente textura dejaran de perfilar mi figura atrapada entre tu cuerpo y la pared, te seguiría deseando.

Si los párpados de esos ojos cayeran más despacio al recorrer mis facciones contraídas por ese sentimiento traidor que me ha atenazado las entrañas, te seguiría deseando.

Si ése aliento que me roza el cuello buscando trazas de perfume dejara de respirar sobre mi piel, calentando los caminos que humedeces, te seguiría deseando.

Hay cosas que no se pueden fingir, y ahora me estás probando… Y sé que el sabor que te llevas a la boca es de sexo… No puedo fingir mi sabor… Y tampoco quiero.

No me avergüenzo de desearte…
Si ahora me humedezco bajo el hechizo de tu persona, ese detalle te lo regalo. Si ahora mi cuerpo tiembla al pensarte, al imaginarte, al hacerte patente a mi lado, a eso es a lo que me dedico, eso es lo que hago, y de lo que me enorgullezco. Gracias a mi perversa mente estás aquí conmigo, mirándome, oliéndome, tocándome… Saboreándome… 
Deséame, de eso vivo.

Me gustaba que te encendieras como yo lo hago, porque así te fundías conmigo en mis palabras. Me gustaba saberte excitado tras las líneas que te dedicaba, aunque fueras cientos de hombres al mismo tiempo leyendo lo que escribía, aunque tu nombre se repitiera mil veces y nunca acertara a imaginarme como eras.

Aunque fueras mil hombres yo solo imaginaba a uno. No te conocía, y probablemente tampoco lo necesitaba. Me encantaba pensarte, con eso me bastaba… Hasta que realmente apareciste en mi vida. Te imaginaba como quería hasta que te hiciste patente en mi correo. Allí por fin te conozco, aunque me resistiese.

Un nombre como miles de ellos, un mensaje como tantos. Algunos muy acertados en el contexto en el que se escriben. Ese mensaje es el  que hace que te imagine a ti, y no a otro, cuando me siento a rellenar la hoja con mi ingle y no con mi cerebro, cuando  estoy excitada. A ti, que me hiciste estremecer cuando simplemente me escribiste unas cuantas palabras. Para ti escribo. Para ti imagino, como escritora pornográfica. No me pidas fotos, y tampoco las quiero. Mira mi cuerpo tal y como te lo describo, conoce mi alma tal y como te la ofrezco; porque esa es la relación que doy a mis lectores, aunque me muera por su cuerpo. O solo por el tuyo.

Pero no… tú no podías hacerlo así. No podías conformarte. No me dejaste ser solo la pornógrafa, quisiste que fuera la mujer. La que soy.

Por éso te deseo y me consumo.

Por éso te escribo, por él suspiro y me excito. Por éso reniego del resto. 
Desde que soy tuya en la distancia, y me excito con la facilidad de una colegiala ante el cuerpo desnudo no probado, mis dedos se deslizan raudos a aparentar serenidad y madurez donde no la hay y no quiero encontrarla. Demostrar indiferencia y no sentirla, morir por tu piel aún sin tocarla. ¡Qué fácil era escribir antes, y qué duro es desearte ahora!
¿Decidir sobre el deseo? ¿Quién puede hacerlo? Yo no puedo…

Soy pasional, ardiente e indecorosa. Soy sexo, así me siento. Me nublan los sentidos tus cosas, y sé que hago lo mismo contigo. Mi entrepierna es tuya desde el mismo instante en que me humedeciste, y para sentirla siempre mojada sólo tengo que imaginarte, desnudarte, y todo aquello que el verbo pueda conjugar y que termine en “arte.”

¡Cuántas veces lo habré hecho!

Besar tu boca, morder tu piel, lamer tu miembro, volverme loca…

Separar mis piernas y dejarte entrar entre ellas. Dejarme desear y vivir y sentirte sin reservas cuando cierro los ojos, que se me escape tu nombre de los labios entreabiertos cuando me toco y te invoco. Probar mi sabor y saber que tú harías lo mismo si estuvieras presente…

Imaginarte. Escribirte. Amarte.

Y después consumirme.

Acepta que me consuma… Acepta mis cenizas…