Me miró con sus hermosos y abrumadores ojos color café, como pidiendo permiso para seguir… Yo asentí y nuestra ropa fue desapareciendo.

Tu lengua crea el instante de demencia, el delirio del cuerpo enamorado cuando en nuestros desvaríos de amor enardecientes tu piel se perla de sudor, y parece que las gotas son  estrellas que se asoman en una noche oscura, en un cielo sin luz.

Es como una antorcha en las tinieblas. El es el día. Ella es la noche. Cuando aparecen y se juntan se alzan las auroras; con sus brillos los soles reverberan y sonríen si sonríen sus ojos.

Cuando su mirada relampaguea todos los ojos se cubren de auroras…

Ella se recuesta con el porte de un cisne, sus ojos de cervatillo… Muestra sus senos, llenos, redondos, altos. Se abre cual capullo de loto y su voz… Su voz le dice a él: “Ven…”


¿Sabes decir cuántas son las víctimas de tus ojos? ¿Sabes cuántos dardos de tu mirada han herido corazones?
Dichosa aquella que sufre con aquellas flechas que tus ojos lanzan…

Dura carga me impuso el amor. Te diré la verdad: el que ama ha perdido la razón. Me hubieras anunciado tu llegada, tendería como alfombra a tus pies la pasión, el terciopelo, la frescura y la seda de mi piel.

Si te alejas, fallezco. Si te acercas, me embriago. Vivo ardiendo y me extingo.

¿Qué es tu mirada? Fuego que no quema. ¿Qué es tu espalda? Un prado de hermosura. ¿Qué es su boca? Una fuente de vida.

Y besarte es embriagarse con almizcle. Impregnada de fantasía tu piel. Abrazarte es sentir un desmayo. Besarte es mejor que probar cualquier vino. Cuando amanece la belleza se mira en el espejo y se declara esclava de tu hombría.

Si toco su cuerpo me estremezco y todo mi ser se vuelve frenético. Y ni qué decir de lo que me causas cuando me haces tuya…

 Tu abrazo es un cauce que ondula mi luciente abedul.

Besa la copa de mi árbol y dímelo: “eres más dulce que cualquier vino. Todo es en ti dulce; pero tu boca lo es aun mas.”

Eres sensible, pero más lo es tu cuello. Tienes derecho a ser orgulloso y hasta un poco narcisista; tienes derecho a hacer lo que se te plazca… Nadie más deseable que tú…

Par de medias lunas en tu boca cuando sonríes, miel que fluye es tu saliva. Mis dedos en tu cabello como alacranes listos para morder el corazon de quien me ama. Eclipse de sol cuando me besas…

Me miras, altivo. Insondable es tu mirada. Ya llega, ya esta aqui. Sabes de mi dulzura y mi frescor. Tus dedos reposan en mi rostro, como la noche que reposa sobre la faz de la mañana….

Son los relámpagos de tus besos cuando se esparcen en mi cuerpo como un aviso de nuestra tormenta nocturna; como si nuestro lecho fuera un cielo zurcado por rayos sin fin…

Fijas en mi sus ojos, como espadas. El encanto duerme bajo tus párpados. Me veo en tus clarísimas pupilas y yo sólo ardo en llamas…

Latir del corazón al roce de la piel, brillo de la mirada que se turba al goce, beso que se va bebiendo hasta transformarse en ansia, las manos que buscan el centro del placer, la unión de dos deseos.

El. Ella. Y el sexo. Un sexo tan suave como un pétalo y tan fuerte como un hierro incandescente.