Pienso en ese hombre que besa como si el mar fuera a
desbordarse.

En ése hombre que siembra su sonrisa en mi piel con la altivez de
la espiga, que dibuja mi soledad sobre la niebla.

Pienso en ese hombre, dócil a mis ojos, sensual, varonil, íntegro.
En su vuelo humedecido sin tiempo y sin espacio,
como primavera sobre el trigo del otoño.

Pienso en ese hombre que inventa soles, estrellas, lunas y noches completas; aguas de seda al tacto
y una razón sencilla para amarme.

Ese hombre cierto, inconstante, mío.
En el callado temblor de sus latidos, en sus ojos de oscuros
desafíos.

Pienso en ese hombre que me espera con dulce arrobamiento.
En su cabello de trigo que me inunda en un mar de gotas de sudor en la piel.

Ese hombre:
Sol salvaje, río de música y silencio, pájaro en el alba.
Pienso en ese hombre y hay aroma en la música y color en su
aroma; gotas de rocío en mis claveles recién abiertos y flores niveas en mis sueños.