Él se presiona contra el cuerpo de ella, su duro pecho contra su suave espalda. El jadeo de su respiración golpeando su cuello. Se quedan así un instante. Ella aparta sus manos, que se arrojaban bajo su falda. “Aún no” dice en voz baja.

La pone contra la pared y se devoran a besos; son insaciables. Ella se deja hacer, es su amo y él sólo es de ella.

Hinchado, duro y rígido está su miembro, encerrado y apresado en sus pantalones. Ella siente su tamaño y se relame con la promesa de su sabor.

Toma las riendas y como una sacerdotisa griega, guía a su bestia macho hasta el lugar del sacrificio. Se deja explorar, sobre la cama la mira con deseo. Le desviste sin prisas, primero su camisa, el cinturón con el que juega un instante en su cuello, luego el pantalón… Cada nuevo rincón de piel es besado, mordido y deseado… Deja puesto el abultado bóxer, juguetona muerde la tela un instante, arrancando de él un temblor.

Se aleja unos pasos y se desviste al son de una música imaginaria. Él aprieta la sábana entre sus dedos, las muerde expectante, al ver su objeto de deseo danzar para él.

Ella se lanza hacia sus brazos y gime cuando sus labios encuentran el camino a sus pezones. Se revuelcan en la cama, no necesitan demasiados preliminares, ella le quita el bóxer, liberado, el miembro se desenvuelve cálido ante sus ojos; se alimenta de él como una hostia bendita, lo devora hasta hartarse. Él gime de placer al ser besado. Se levanta, toma su cabeza entre sus manos y la mira con deseo, y ella continúa amándole, hasta hacerlo desvanecer; se convierte así en un juguete para su placer…

Caen en la cama extasiados, casi perdido el sentido. Él se lanza hacia su cuerpo y sus dedos se hunden entre sus labios. Sin dificultad horadan su interior y su pulgar juega con su clítoris…

Ella grita sincera, jadea, apenas respira. Él diligente, aprieta con sus dedos su entrada, ariete de carne que invade su cuerpo. Todo, hasta la última pulgada, queda enterrado en su vientre.

La paz no dura más que un instante. Y como inagotable máquina su boca inicia su carrera, deseando inundarla, desgarrando su placer para la eternidad.

Ella cierra los ojos, aprieta fuertemente. Quiere evitar gritar, pero no puede, admitiendo el placer de ser poseída por su amo.

Luchan sobre la cama y ella queda arriba, sentada sobre su cuerpo. Yerra al pensar que es el jinete, las manos del otro sujetan sus caderas, éstas suben y bajan arrastrando su cuerpo obediente.

Besa su pecho, rasguña sus hombros y muerde su cuello, mientras su pene la destroza por dentro. Llega al orgasmo en un instante desenfrenado, y él no le da descanso. La tumba sobre la cama, muerde sus nalgas, desliza por la trinchera de su piel la ardiente lengua.

Apoya su miembro contra su espalda; en un largo suspiro compartido, hunde su miembro en su cálida y estrecha flor. Ella jadea, aprieta fuertemente las sábanas, mientras pierde para siempre el aliento. Él gusta de atravesar su interior mientras besa su cuello. Ella gime extasiada ante la ardiente sensación.

Se retira de su cuerpo y besa su espalda, ella busca su mirada, quiere ver la expresion en sus ojos. Con un ruido gutural besa su rostro, sus labios ahora se deslizan hasta sus pechos…

No puedo olvidar esa noche, sólo tú y yo y la luz tenue,
mientras exploraba cada centímetro de ti, yo no podía creer que era verdad. Registrado el momento como uno solo, el amor y la pasión combinadas.

Mis labios haciéndole el amor a tus labios.
Un momento perfecto capturado en mi cabeza, capturado en el tiempo.
Éxtasis divino, dulce como el néctar.

Simplemente sublime…