Èsta noche dame besos en mis muslos, hazme sentir ése placer. Deja que mis gemidos y mis dedos en tu cabello te den la dirección exacta hacia mi placer.

Sigue, sigue, sigue hasta yo ya no pueda más, hasta que ruegue porque me penetres, porque ya te necesito.

Separa mis piernas y lenta y dulcemente húndete en mi refugio que ya te espera también para darte el placer que otras te han negado.

Que tus caderas se muevan de manera que tu miembro escudriñe cada milímetro de mi interior.

Tómame, bésame, mírame, escúchame, muérdeme, abrázame, siénteme, cógeme. ¿Sientes todo el placer que me estás dando?

Disfrutame ésta noche entre tus manos expertas, tus lentas caricias, tus besos suaves; hazlo despacio, goza cada sabor, cada olor, cada textura, cada color…

Tengo en la memoria el recuerdo intacto de tus movimientos, tu calor, tu rostro, tus palabras, tus gemidos… Tu orgasmo…

Me quedo con la imagen de tenerte entre mis piernas, encima de mí, arriba de mí. Ojalá ésta noche no terminara…

Ahora, quiero despertarte con mis labios, mis manos acariciando tu vientre, besando tu pecho, tu vello; lamer tus testículos y lanzar mi aliento sobre ellos.

Quiero ver ésa gota transparente asomándose en la punta de tu miembro y atraparla entre mis labios.

Quiero hacerte gemir, quiero hacerte vibrar; quiero chupar, besar, morder, lamer… ¿Te gusta cómo te lo hago?

Quiero excitarte al máximo, quiero hacerte gritar de placer. Quiero que tu placer sea el más largo que hayas vivido hasta ahora…

Tú me inundas con tus fluídos, con tus besos, con tu cariños; me inundas en todos los sentidos. Me castigas con placer.

Tu presencia me dá fuerza, tus labios me alimentan, tu esencia pura me hipnotiza.

Eres una fuente inagotable de placer, y a tu lado el tiempo se detiene; y poco a poco, y muy despacio el aire empieza a oler a tí.

Simplemente anhelo tu cuerpo, y al marcharte me queda de nuevo el ansiedad de estar sola…