Soñándote te veía
caminando desnudo hacia mi.

Yo no estaba contigo
pero tú me sentías,
te sentaste en el sofá,
y yo, parada frente a tí abrí mis piernas
mostrando mi sexo
suave, abierto, humedecido.

Tus manos acariciaban tus brazos
como si buscaras un abrazo
y de ellos pasaron a tu sexo
donde se regocijaron.

Yo jugaba con mis pezones
coronas dignas de reina
retorciéndolos con cuidado
mientras tu cabeza
se echaba hacia atras y
tus ojos, se habian cerrado levemente
pero tus manos te recorrian,
y yo seguia soñando.

Una mano descendió
por la curva de mi vientre
acercándose a los labios
de los que emergia un botón
magicamente asomado
esperando tu atención,
la yema de un dedo girando
despacio, muy despacio
a su alrededor.

Y de tu garganta un murmullo
sin más sonido en la habitación;
al primer dedo se unió el segundo
y deslizándose en mi humedad
se adentraron en lo mas profundo
de mi cálida feminidad,
penetrándome, arqueando mi espalda
jadeando y casi, sin respiración
se movía mi brazo, mi mano
provocando tu alteración.

Me acerco a ti y… Mis nalgas las apretabas
y tu te adentrabas en mí aún más.

Todo mi cuerpo vibraba,
me sentí agitada, y arrebolada
tras minutos de ajetreo
y de lujuria arrebatada
  nuestros cuerpos tensados
anunciaban la llegada.

Una mano tuya bajó
frotando el punto delicado
la otra a su ritmo, alocado
entrando y saliendo de mi.

No hay imagen mas hermosa
soñandote, y viéndonos asi,
estremecidos.

Finalmente
en un loco frenesí
me dejas caer agotada
sobre un cómodo sofá
y te inclinas, caemos sin fuerzas
en un abrazo apretado,
gimiendo, aún disfrutando
un orgasmo sin igual;
jadeantes, la ardentía del placer en nuestra piel.

Me incorporas lentamente
y me sientes todavia
y la sonrisa más bella
enmarca tu rostro delicado;
me das un beso
que me calma la boca sedienta,
y cierras tus ojos de nuevo
ahora para soñarme a mi…