Con el alma en los ojos te contemplé extasiada. Fui a pronunciar tu nombre y me quedé sin voz..

Con el alma en mis manos te estreché en éstos brazos. Fuí a recorrer tu piel y me aferré a tu espalda, con mis ansias convertidas en llamas.

Con el alma en mis labios memoricé tu rostro. Fuí a recorrerte a besos, y les diste un sabor propio.

Luego con la brutalidad adormilada del tiempo que rogué que no pasara, percibí tu cuerpo, dando origen a desconocidas conmociones.

Con el alma en mis palabras te dediqué éstos rezos. Amo la catedral de éstos rezos, amo que eres tú su dueño.

Mis oídos parecen haber perdido el decodificador de los sonidos que me rodean: vuelven a reproducir obsesivamente tu voz entre mis sueños.

Con el alma en mi mente, quise invocar en mi cama tu cuerpo. Fuí a buscarte en mis sueños, y soñaba que tú y yo éramos eternos.

Tu piel era mi piel, tu sudor fundido con el mío,
mi pelo enredado en tuss manos, nuestros cuerpos
enredados en una sola y silenciosa forma, bella,
llena de matices, plagada de luces y colores.

Anoche creí poder dormir. Profundamente dormida, creí que la noche no terminaría, que no te perdería; creí morir.

Con el alma en mis versos te quiero arrullar. Fuí a esperarte en la tempestad de mis sentidos, doblegando la selva sensible de mis nervios.