En la ardentía del placer me has desnudado
toda: mis senos tibios, dulces como la muerte,
mis brazos imprevistos con sus hiedras,
tu bosa en la misteriosa exquisitez de mi vientre…

En el placer he sentido todo: bajo tus manos,
bajo tus labios, bajo tus fantasías, entre
la locura sin nombre de todos los ardores,
un fuego de colores, en un fuego de placeres.

Luego, un pudor que torna de mi inocencia antigua
me hace, si sonrío, enrojecer levemente
y me arreglo la falda y me guardo mis pechos
confusa, con un dulce aire adolescente.

Ven, ya se abren cual rojos amarantos
los capullos en flor de mis deseos,
y entre mis labios trémulos se enciende
la loca llamarada de mis besos.