La lluvia es propicia para crear poemas,
– podría escribir versos no tan tristes esta noche –
pero a esta hora, nada se me ocurre;
y a mi soledad no la niego todavía.

En realidad, afuera llueve y hace un frío antártico.
Mientras, el relampagueo de unos ojos
escondidos tras la noche de un cabello oscuro,
junto a ese sabor de piel desconocida;
esperan por mí en algún lugar del mundo.

Los mensajes y otras formas
de comunicarnos y entendernos
encontrados a inicios de la lluvia;
dejaron de importar hace un instante.

El dejo de amor y la ternura en tu mirada,
las palabras que te digo
y los poemas que nacen a orillas de tu piel;
no vivirán por siempre.

Tampoco el resplandor de la noche
reflejado en mi cabello, mi cabello como gotas
escurriendo por los poros de tu cuerpo;
desapareció con el brillo del sol esta mañana.

Este momento y la precisa palabra
que se acaba de fugar de entre tus labios;
ya están muertos.

Pero no por eso creas
que no te estoy queriendo.
Desde ya te quiero,
desde ya te extraño.

Como cuando al final de los días,
el cuerpo amado,
el hombre vivida;
te seguiré extrañando

 Acumulo pretextos, enigmas y señales,
todos esos que los demás no necesitan;
la forma fácil de querer justificarte.

Me refugio en tu infame ausencia
como esa buena forma de entender
y decirle al tiempo
que no podrá dejarme.

Poco a poco
me he deshecho de los recuerdos,
de estos y de aquellos
que ya no quiero más
vivir de tu silencio.

Siempre al final, me quedo sola con mi perro,
el gato que aun maúlla nuestro tiempo
y mi fiel amigo Johnny Walker,
que siempre vendrá para consolarme.