Anoche me acosté con un hombre y su sombra.

Las constelaciones nada saben del caso.

Sus besos eran alas que yo enseñé a volar.

Hubo un paro cardíaco.

El hombre

me navegaba como las olas.

Era tétrico,

viril,

besó todas mis constelaciones.

Vivimos ese rato de selva,

esa pasión colérica

con que nos mata el hambre de otro cuerpo.

Anoche tuve un náufrago en la cama.

Me profanó el maldito.

Envuelto en dios y en sábana

nunca me pidió permiso.

Todavía sient su daga varonil que me traspasa.

Hablábamos del cosmos y de iconografía,

pero todo vino abajo

cuando terminó mi fantasía.

Hoy encontré una mancha en mi lecho,

tan honda

que me puse a pensar seriamente:

mi vida y tu placer caben en una sóla gota.