A tu deseo me inclino y te abandonas,
ocupas con tu boca el espacio
que el amor no alcanza.
El fervor sediento y rebosante
devora su fondo.
Y suspiro; y entre mis piernas hay oleajes.


Se subleva tu pecho alborotado
con cadencia de tormenta renovada.
El atlas de tu cuerpo se eriza con incendios y colores.
El paladar se posa en mi húmeda boca
de una lengua muda, callada…

  Respiro y bebo de ti,
del cáliz donde tu extensión se agrupa,
liberando delirios y trayectorias provocadas ,
incandescentes, consumidos, consumados.
Me atas con tus manos a tus campos de batallas
articulando un bélico ritual que me traspasa .
Literatura con imágenes intactas
asedias, decidido, mis fronteras,
las destruyes
con la codicia y la fortuna de tu espada.


Aventurero sin poder y sin bandera
que aúlla de ebriedad de besos
tejidos, cosidos, entrelazados.
Saqueo tus instintos primitivos
con la fuerza que no es fuerza, solo alas.
Cultivo tus más intimas rarezas
aferrándome a la curvatura de tu espalda.


Temblando,
un eterno y solo instante,
por la de desnudez de nuestras ardientes almas.