Hinco mis labios y lengua en tu boca, como dagas,
prestas, mis manos juegan en tu pecho,
gestan en tu vientre los temblores,
permutar los dedos por mis labios.

El roce es acentuado a hurtadillas,
devorando en un sorbo inhibiciones,
arrasada por un mar de convulsiones,
  vulnerando tu deseo en cuclillas.

En la tormenta que recién empieza,
es tu mano la brida que sujeta,
  mi humedad en mis resquicios dilatados.

Usas tus dedos, tus labios, tus piernas, la entereza de tu encendido cuerpo, palpitante, caliente, excitante, hipnotizante, inquietante, sensible.

El beso que por labios comienza,
dio paso al que aquí se ha consumado,
pasión desenfrenada, así será llamada.