Al encontrarte, me encontré,
pero me he perdido en ti…
En tus laberintos de placer,
de versatilidad y de sensualidad entera…

Eres crisol de mi fuego cautivo,
me atrapas entre tus espacios,
dentro de ese profundo misterio,
que hay en el álgebra de tu cuerpo…

La armonía se expresa simbiótica,
en las diferencias de nuestros cuerpos,
sensualidad tiránica que nos secuestra,
desatando nuestros limites privados…

Nuestros besos como astrolabios,
escudriñan la intimidad ardiente,
bajo la profunda noche cómplice,
y la luz difusa de nuestro cuarto…

Te adueñas de todos mis sentidos,
destilando el perfume del deseo,
tu voluptuoso y grácil movimiento,
me incita plenamente a poseerte…

Cartografío con mi lengua tus regiones,
descubriendo curvas y contrastes,
el terciopelo sutil de tu piel sensible,
electriza y enciende mi irracional lujuria…

  El vello de tu cara juega sobre mis ingles,
tu boca reclama más fuego sobre mis labios,
mi corazón responde raudo al comando,
exponenciando potencia y hemodinamia…

Como cien caballos cimarrones,
que se vuelcan sobre ti en estampida,
penetras los secretos de mi cuerpo,
bebiendo el cáliz de mis sabores…

Todo tu cuerpo encendido como una pira
se arquea en espasmos y contorsiones,
en el lenguaje abstracto de los gemidos,
nuestro perfecto éxtasis sincronizamos…

Desconectados del tiempo y el espacio,
entregados sin contenernos el uno al otro,
nuestras almas y cuerpos se fusionan,
estallando como explosión de supernova…