Nunca esa palabra tuvo tanto significado, ni siquiera recuerdo porque habíamos peleado, seguramente una tontería que nos llevó a ignorarnos por unos minutos en lugar de aprovechar el tiempo, después de un rato callados te recostaste frente a mi con una mirada como diciendo “¿Qué es lo que está pasando aquí?”

No pude evadirla y el silencio terminó, nos dijimos cuan importante éramos y lo que seguía creciendo el sentimiento, una cosa nos llevo a la otra empezamos a hablar de nuestros deseos, tocándonos con ternura, besándonos con dulzura, te dije que ese momento jamás olvidarías: te arrodillé en la cama y yo me puse a gatas delante de ti ofreciéndote lo que de mi cuerpo en ese momento mas deseabas sentir, te acercaste besando mi espalda, posaste tus manos en mis caderas, moldeaste mis nalgas con devoción, despacio tus dedos descifraron mis secretos.

No tardé en empezar a derramar el néctar que de mi cuerpo solo tu puedes hacer brotar, rondaste despacio por mi sexo acariciando delicado mi cuerpo excitado, lo lubricaste despacio con sumo cuidado, al sentir entrando tu dedo en él me provocaste un espasmo pero poco a poco con tus palabras y mimos me he relajado, empiezo a disfrutar de esta nueva sensación que me provocas, comienzas a moverlo despacio luego un mete y saca delicado, después tu miembro excitado pude sentir recorriéndome, tus manos en mi cadera provocando el vaivén a tu ritmo, ahora soy una marioneta emitiendo gemidos, escucho tus jadeos, siento tu respiración entrecortada, el calor de tu cuerpo subiendo y tus embestidas cada vez mas intensas.

Provocas que me corra en una mezcla de sensaciones y sentimientos, algo inimaginado, me tomas por sorpresa, mis contracciones se hacen mas fuertes, no sé si los gemidos se convierten en gritos o los gritos en gemidos intento ahogarlos pero no puedo pararlos, el calor recorre mi espina dorsal y mi cuerpo se retuerce de un placer inefable, aprieto las sábanas mientras los involuntarios arqueos de mi espalda provocados por tu firmeza no cesan, desaparecen las dudas, se olvidan los temores, cierro los ojos para intensificar las nuevas sensaciones, siento tu tibieza que se derrama bañando mi cuerpo y entre jadeos pierdes el aliento, cayendo exhaustos los dos cuerpos abrazados después de haber tocado el cielo…