Entrégate a mí con la avidez del sediento en la taberna, con fervor, sin temor, no retrocedas. Y en la batalla de labios y de humedades, en la apretada urdimbre de dos cuerpos baja cantando, como un minero iluminado, para cavar muy hondo entre mis muslos.

Soy la amante que estrenas, la nueva, la eterna, la de muslos trigueños, columnas seguras que se abren perfectamente para dar paso a tu mar ancho y espeso.

Soy la de paralelas montañas, erectas, duras, por donde han caminado caricias ardientes que humedecen mi pasión. Soy la amante nocturna, la de noctámbulos besos, mis ojos, túneles profundos donde se pierde tu soledad.

Soy la de siempre, la eterna, la que te arranca el hastío de cada costado, la que se tiende plácidamente, la que se para, la que te sorprende, la que se quita las vestidurasy se lava en tu río claro.

Soy la que te crucificacon mis ojos, con mi lengua, la que se pierde en tu pasión perfecta, la que infatigable recorre tu cuerpo, la que vibra con devoción en tu silencioso mundo. Soy ella, la eterna, la antigua, la nueva, la de siempre,  la que se cierra, la que se abre, la de ambivalentes tardes. Soy la que renace, la que se abre, la que se cierra, la que te estrecha.

A la hora del amor llega desnuda y pura, como quien vive su muerte y resucita. Bésame hasta que sean de piedra tus labios y tu lengua. Acaríciame hasta que te falten labios y dedos.

Desnuda y adherida a tu desnudez. Mis pechos como hielos recién cortados, en el agua plana de tu pecho. Mis hombros abiertos bajo tus hombros. Y tú, flotante en mi desnudez. Alzaré los brazos y sostendré tu aire. Podrás desceñir mi sueño porque el cielo descansará en mi frente. Afluentes de tus ríos serán mis ríos. Navegaremos juntos, tú serás mi vela y yo te llevaré por mis mares calientes y escondidos.