Atraído por un dulcísimo olor
Al igual que una abeja
Hacia una flor
Sondeo, en medio de
Un par de pétalos rosados
Bebo el néctar que emana de ellos.

Un valle entre dos delicadas montañas
Un vientre que se agita
Se convulsiona del placer
Se ondula, se ofrece, se palpa
Un sólo pensamiento me asalta:
Eres terciopelo inmaculado.

Silueta díafana, voz serena
Intención impoluta
Deseo inextinguible
Besos indelebles
Piel de diamantina, cintura leve
Placer irrebatables, placeres tangibles.