Me has invitado a ir a salir y sin duda he aceptado. Me temblaban las piernas mientras pensaba en todo lo que quería besarte, en lo mucho que necesito de ti.

En el espejo, mirándome mientras debatía mi conciencia entre el “hazlo” y el “no deberías”.
“No debería”… Odio esa expresión. ¿No debería por qué? ¿Por mí? ¿Por el qué dirán? Nunca he sido así y no empezaré ahora.
No se trata de que deba o no, se trata de que quiera hacerlo. Y quiero hacerlo y dejarme llevar, sin pensar. No entiendo porqué le suelo dar bastantes vueltas a todo, es complicado porque uno así lo quiere.

Tu mensaje en el móvil era simple: “Paso por tí a la 1 p.m. Besos”. Creo que sabes muy bien que no fantaseo con nadie más.
Me puse unos jeans, tacones y un blazer negro. Nada más. El significado es mucho más explícito: “Estoy aquí y sabes por qué”.

Al entrar al auto me he quedado sin conseguir enfocar mi vista en otro lado. Esperaba ser menos obvia, pero allí sólo interesabas tú.
Notaba mi respiración agitada cuando sentí tu mano deslizarse por mi muslo. Me acomodé para besarte; no aguantaba más. Ése beso prolongado, húmedo y lujurioso duró tanto como lo permitió el semáforo. Rayos, date prisa; ya quiero desvestirte y besarte.

Nos hemos visto hace unos días, pero la lujuria de ambos es demasiada para consumarla en un par de días. Y al besarte me he tenido que agarrar al costado de tu camisa, para mantenerte firme en un beso entre mis labios. Con un acto tan simple como es el besarte, me derrito de placer.

Me preguntas si estoy bien, si requiero algo. Francamente te replico diciendote que no quiero nada de beber, no tengo sed, no tengo sueño, no tengo hambre, no quiero nada… Me siento flotando y absolutamente excitada, asustada, eufórica, lujuriosa, inquieta, ansiosa. Necesito de tí.

Al llegar a la habitación, me recuesto en la cama, boca abajo. Acto seguido, tu cuerpo ya está encima del mio, presionandome y dejandome limitada en mis movimientos. Eres tú, encima de mí, mordisqueando mi cuello, besando mi nuca; como un león apresando suavemente a su leona.
Me das la vuelta y tus manos se pasean en mí sin restricciones, he pasado mi mano por tu nuca y tu cabello mientras me besas, me posees desde antes de despojarme de la ropa.
Me desnudas suavemente; besas, lames, muerdes, excitas cada poro de mi cuerpo. Me torturas con tu forma lenta de excitarme, y sabes que amo éso.

Pongo mi mano sobre tu pecho, frenando tu aproximación a mi rostro con una sola intención: mirarte a los ojos mientras te acomodas entre mis piernas, deslizándote entre ellas. Ladeo mi cabeza, clavo mis uñas en tu pelo y te obligo así a morderme el cuello… Me muero. Me muero. Me muero…

Terminas de desnudarme y comienzo a desnudarte yo. Beso tu pecho, rasguño tu espalda, acaricio tus nalgas, muerdo suavemente tus testículos, les echo mi cálido aliento, ignoro por ahora tu miembro… Pero me conoces bien. Ahora ya no podía parar.

“Me estás poniendo a cien”, me dices; y sé a lo que te refieres. Me recuestas en la cama y bajas lentamente a mi sexo. Me acaricias toda y siento que tus manos arden. Me encanta la sensación.
Pero quiero ir despacio, a pesar de la enorme excitación. No quiero que se acabe ésta sensación.

Mí humedad es evidente y puedo sentir y ver que te gusta. Ahora ya sabes que necesito de tí

Me dejo hacer, ya me tocará a mi hacerte gozar. Quiero hacerte disfrutar, quiero que sigas queriendo más.
Te centras en mí, sabes llevar los tiempos… Sabes ponerme a mil y dejar menguar la excitación para empezar de nuevo. Siento tus dedos dentro de mí, explorandome de manera inquieta, y tu lengua alrededor de toda mi vulva. Sólo puedo cerrar los ojos y dejarme llevar. Tu incipiente barba roza mi piel, me vuelves loca.

Quiero saborearte, quiero oírte gemir, quiero que me claves los dedos en mis muslos mientras muevo mis caderas en tu rostro. Quiero que me recuerdes siempre como uno de las mejores amantes de tu vida. Quiero que quieras más.
Impaciente, mi vagina ansía desbordarse en un cálido y húmedo orgasmo, pero me torturas y separas tu boca cuando yo arqueo mi espalda y sientes que estoy a punto de terminar…

Suave, muy suavemente me penetras… Me tomas por las caderas, y me siento sofocada por el peso de tu cuerpo. Mis piernas abrazan tu cintura, cierro los ojos y echo mis brazos por encima de mi cabeza… Estoy gimiendo, jadeando; dificilmente puedo creer el increíble placer de tenerte dentro de mí. Tú me miras muy fijamente, muerdes mi boca y me besas con una enorme ansiedad mientras me penetras.

Abro los ojos por un momento, me estás mirándo mientras me haces el amor suavemente… Mi piel se eriza, mis uñas ahora se clavan en tu espalda…
Ahora la excitación está al máximo, ninguno de los dos aguanta y decido cambiar de posición para facilitar tu orgasmo.
Me pongo en cuatro patitas para que me penetres así; y cuando lo haces, sólo siendo tus embestidas, tus manos jalando suavemente mi cabello largo, tus testículos golpeando suavemente mis glúteos en cada movimiento; ya no aguanto, ya no aguantas… Te derramas en un delicioso y prolongado orgasmo… Tu placer se derrama entre mis piernas, pero no me dejas ir; tomas mis senos y recargas tu torso en mi espalda. Me doy la vuelta un poco y logras besarme… Me encanta que me beses mientras estás ahí…
Ha sido una de las noches más excitantes de mi vida. Como las han sido desde que te conozco. Puede que dentro de poco tiempo, lo hagamos de nuevo. Estaré preparada para ello, porque necesito de tí.