Quiero tu cuerpo en mi cama, que suplica tu presencia. Te recuerdo en aquellas noches sin fin en las que el placer inundaba mi habitación y el silencio moría oculto tras mis noches de placer solitario, que cabalga entre respiraciones y gemidos.
Me envuelven recuerdos que enturbian mi mente, y el sólo roce de las sábanas en mi piel provoca una incontenible excitación. Esa suavidad trae a mi mente tus caricias, que tan sabiamente recorren mi cuerpo para transportarme a un efímero paraíso.

Quiero dejarme desfallecer en tus brazos, que sean ellos los que me reanimen e insuflen un poco de vida a este cuerpo abandonado, que anda falto de tu compañía, que anhela un poco de maestría que lo haga vibrar como nuevo.
Que tus labios apaguen mi sed y tu sexo ese fuego que noche tras noche me consume. Que tus manos sustituyan a las mías, que sin demasiado éxito pretenden revivir momentos pasados compartidos por los dos. Ellas, que se aferran a mis pechos, esos que añoran el roce de tu lengua y esa dulce succión que los torna rígidos, sensibles y orgullosos…

Quiero que mis caderas desaparezcan bajo las tuyas, que sólo su movimiento dé fé de su viveza, que sólo tú sientas ese ansia que me llena suplicando que sea tu cuerpo el que me llene a mi.
Sentir cómo tu cuerpo usa mi deseo en beneficio de ambos. Cómo te derramas dentro de mí mientras mi piel, sudorosa, disfruta de esas vibraciones que me vuleven loca de placer.

Y quiero que sientas cómo mi sexo rodea al tuyo y le hace el amor, cómo su humedad busca calmar tu sed… y la mía.

Ven… no hables, no preguntes, no juzgues, ni siquiera es necesario que me ames. Sólo hazme sentir viva…