No debería ser tan descarada, ni tan directa… No debería ceder a mis instintos, ni dejarme llevar por mis pasiones, ni por el deseo. No debería, no debería…

Eso dice todo el mundo, y si no lo dicen, yo sé que lo piensan. Sé que me juzgan, y eso que saben apenas nada de mí. La verdad, no me importa, no quiero vivir intentando agradar a todo el mundo, sobre todo cuando eso implicaría traicionarme a mí misma.

¿Qué me importa? ¿Por qué pierdo el tiempo pensando en esto, a quién tengo que dar explicaciones? A nadie le gusta que le juzguen, pero prefiero eso a vivir sometida al qué dirán y a dejar de ser fiel a mí misma.

Cada uno debería ser libre de vivir su vida según sus propios principios. La expresión del placer de una forma sincera no debería ser mal vista. Sobre todo porque el mundo se mueve gracias al placer, al deseo, al empuje de las personas que hacen las cosas desde las entrañas, y no desde el desánimo y la desidia.

El problema es que soy una chica y para algunas chicas el sexo es mucho más tabú que para los chicos… Sobre todo porque, además, los prejuicios vienen dados por el resto del sector femenino, que condicionadas por absurdos clichés sociales, fomentan el odio y la competitividad entre ellas, atacándose sin piedad cuando deberían aliarse para poder vivir de forma realmente libre su sexualidad.

Mi sexualidad es mía, y la compartiré con quien quiera, sin dar más explicaciones de las necesarias. Están cordialmente invitados a leerla en mi blog.