Ayer soñé tu nombre.
Tus palabras acariciando mis recuerdos,
un torrente de placenteros recuerdos puros,
la sombra de tu cuerpo se deslizaba dentro de mi,
cual literatura arrolladora.

¿Que placer es mayor, el cuerpo de mi hombre?
O el cálido elixir de su cuerpo.
La sensualidad de su piel
o el roce de su vello púbico en mis labios.

El sexo y mi hombre son placeres tan puros
son tan diferentes pero intrísecos…

¿Y si mis dos debilidades se unieran…?

Un festin de placeres húmedos.