Una cascada de lujuria inunda el atroz recuerdo de tu ausencia,

el vaho de mi boca se escapa y resbala por el resquicio de mi ventana.
Huella de placeres consumados, ésos de placeres perdidos.

Como una partida de ajedrez, nuestra pasión ejecuta un juego de placer puro.
Mis músculos se contraen de sólo recordar ésa danza,
una especie de tango cuya letra son nuestras lascivas palabras;
un placentero relámpago sacude mi cuerpo con el recuerdo
de tu rostro en el momento en que tu orgasmo desencadena el mío,
un profundo grito ahogado en mi garganta consuma el acto.


Y ahora, tu lejanía rompe la fantasía y me regresa a la realidad.
Por un momento lo olvidé, bienvenida soledad…