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Eran alrededor de las 2 P.M. y mi maridito y yo paseábamos por la ciudad, hablando de todo un poco, trabajo, amistades, acontecimientos sucedidos en los últimos meses, familia, etc.

Le pedí que tomara la carretera que vá al norte y éso le sorprendió un poco. Confundido, preguntó a dónde quería ir, “sé paciente” le respondí; “ya verás”.

No dijo mas y salimos de la ciudad, en cuanto nos vimos solos en la carretera me acerqué mas a él y le pedí que disminuyera la velocidad tanto como le fuera posible; lo besé en el cuello y mientras susurraba a su oído cuanta palabra lasciva se me ocurría, le desabotoné el pantalón y metí mi mano para dejar su sexo al aire, solo le dije “mantén la vista al frente y no te distraigas.”

Creo que no terminaba de digerir las palabras que le había susurrado cuando ya tenía su delicioso miembro dentro de mi boca su reacción no se hizo esperar: el haberlo tomado por sorpresa le hizo emitir un extraño gemido pero tuvo la necesitad de mantenerse atento a la carretera, disimulando ante los demás conductores que nada le pasaba, y eso creó una mezcla de sensaciones, trataba de mantener el control, pero podía sentir su firmeza en mi boca, lo recorrí de arriba abajo, lo lamí, lo mordí, lo enredé en mi lengua mis manos jugaban con sus testículos y su vello, y mi lengua lamía todo y me detuve unos segundos para que no perdiera por completo el control.

Bajaba la intensidad de mis caricias dejándolo al borde de la locura, me pedía mas pero no quería que acabáramos ahí, la noche aún no comenzaba y aun había un largo camino por recorrer, me volví a mi lugar, por poco un chico en el crucero nos descubre.

Entramos a la habitación de nuestro refugio favorito, con la libido por los cielos, la temperatura no daba mas, parecía querer devorarme de un mordisco, nos arrancábamos la ropa sin importar nada mas lo único que deseábamos estaba a punto de pasar…

Lo recosté en la cama y lo acaricié por unos momentos pero no podía esperar, se dio la vuelta y bajó de la cama, me tomó y recostó la mitad de mi cuerpo en la cama mientras él se mantenía de pie, me tomó de la cadera para inclinarme hacia él deleitándose con la vista que le ofrecía, recorriendo cada poro con sus manos y sin tardar mucho me acarició lentamente con la punta de su miembro durísimo hasta que de sorpresa me embistió una otra vez con ritmo desenfrenado mis piernas apenas se podían mantener, temblaban y se doblaban pero me sostenía de la cadera para que no me separara ni un centímetro de él.

Sentí un intenso calor recorriendo mi espina dorsal, mis manos se sujetaron fuerte de las sábanas, tanto, que mis uñas se rompieron.
Sus dedos se clavaron en mi cadera, por segundos todo se obscureció y sentí que su orgasmo me invadió…

Para mí no fué suficiente, siempre me he quedado con ganas de más.

Se recostó un momento en la cama, pero no me quitó las manos de encima. Despacio, sus dedos descifraron mis secretos, no tardé en empezar a derramar el néctar que de mi cuerpo solo él hace brotar, acarició despacio mi vulva, humedeciendo sus dedos, acariciando mi delicado cuerpo excitado, lubricando mi ano con sumo cuidado, provocándome un espasmo, pero sus palabras y mimos me relajaron.

Disfrutaba de ésa nueva sensación que me provocaba, sus dedos recorrían mi sexo en un movimiento de adentro hacia afuera, delicado.

Después, sentí su pene recorriendo el espacio entre mis nalgas, sus manos se acomodaron en mi cadera provocando el vaivén a su ritmo, era yo una marioneta emitiendo gemidos, escuchando sus jadeos, su respiración entrecortada, el calor de su cuerpo subiendo y sus embestidas cada vez mas intensas.

Las sensaciones me toman por sorpresa, mis contracciones se hacen mas fuertes, no sé si los gemidos se convierten en gritos o los gritos en gemidos intento ahogarlos pero no puedo pararlos y mi cuerpo se retuerce de un placer inefable, los involuntarios arqueos de mi espalda provocados por su firmeza no cesan, desaparecen las dudas, se olvidan los temores, cierro los ojos para intensificar las nuevas sensaciones, siento tu tibieza que se derrama bañando en interior de mi cuerpo y entre jadeos perdemos el aliento.

Caímos exhaustos los dos cuerpos abrazados, después de haber tocado el cielo.

“Quiero más”, le dije, y me sonrió. “Me parece justo ya que van dos orgasmos mios y ninguno tuyo.”

Cansado, pero entusiasta, se acostó boca arriba en la cama, y yo, sin perder el tiempo, me arrodillé en la cama hasta su rostro y acomodé mi sexo entre sus labios.

Ahora él, era todo mío…