Me has dejado plantada. Has rechazado mi propuesta de invitarte unas copas, las de mi brasier, y me has dejado plantada. ¿Cómo estoy? Ansiosa y con muchas ganas de ti como siempre. ¿Por qué lo preguntas? ¿Porqué no vienes a mi casa, me arrinconas, me levantas la falda y me penetras? ¿Porqué insistes en darme explicaciones cuando no las pido? ¿Porqué no te callas de una vez y me besas?

Tengo más ganas de besarte, de estar montada en ti, detrás de ti, debajo de ti, enfrente de ti, a un lado de ti; que escucharte disculpándote cuando ya me has arruinado la noche.
No me queda más, mi vulva se desborda con tu recuerdo. Con el recuerdo de mis pezones que se yerguen con la humedad de tu lengua, la sensación divina de la punta de tu pene justo en el momento exacto en el que sé que me penetrarás. Mi vagina se desborda con el recuerdo del jadeo en mi oído mientras te aprieto y tus lentos movimientos me llevan al cielo. Debo quedarme con tus palabras, tu mirada, tus caricias y tus gemidos como calmante para ésta urgencia de tenerte. Debo calmarme recordando cómo empujas mis caderas hacia ti para llegar hasta el último rincón de mi vagina, que recibe tu cálido semen, derramándose entre mis piernas.

Ya no quiero escucharte que te disculpas por haber rechazado mi ofrecimiento. Tus disculpas no me quitan la inquietud, las sensaciones me traicionan. Estás hablando mucho y la única manera que se me ocurre para callarte, es ponerte mis senos en tu boca, para ya no escuchar tus disculpas. No me dediques canciones ni poemas, dedícame tus orgasmos. ¿Es demasiado pedir que tu barba me recorra entre las piernas? ¿No quieres venir por mí ahora que te espero con las piernas abiertas? ¿Es mucho pedir que me cojas en el cofre de tu auto? ¿Es mucho pedir que seas mi esclavo? ¿Es mucho pedir que tu boca, tu lengua y tus dedos me recorran toda?
¿Es mucho pedir que dejes de desnudarme con la mirada y me desnudes con manos (o sin ellas…)?

Besarte. Me urge besarte. YA. Me urge ser oficialmente tu coleccionista de orgasmos. La distancia entre tu pene y mi boca es lo único que te separa de la entera felicidad. Pero sigues disculpándote, no entiendes que debajo de mi ropa te deseo; deseo verte y tenerte entre mis piernas, que pases tu lengua por mi inquieta vulva, lento, de arriba abajo, muy suavemente.

Odio sentir necesidad de ti, odio la distancia, odio no poder despertar junto a ti, odio que hayas rechazado estar conmigo para quitarme mis panties con tus dientes. Quiero escucharte decir que mi vagina te aprieta, te calienta y te moja, dándote oleadas de placer y haciéndome feliz cuando tu orgasmo se derrama dentro de mí.
Necesito, urgentemente, estar contigo…